martes, 28 de febrero de 2017

CRÓNICA - La hija de Cayetana de Carmen Posadas



CARMEN POSADAS nació en Montevideo (Uruguay) en 1953 y vivió allí hasta los 12 años.
En 1965 se trasladó a Madrid con su familia. Después ha vivido en Moscú, Buenos Aires y Londres, ciudades todas en las que su padre fue embajador.
Es autora de más de 15 libros infantiles así como doce novelas, dos biografías y varios guiones de cine y televisión.
En 1998 ganó el premio Planeta, su obra ha sido traducida a 23 idiomas y en 2003 la revista Newsweek la señaló como una de las autoras más relevantes de su generación



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En primer lugar dar las gracias a la Editorial Planeta, por la invitación al evento que se produjo el pasado 14 de diciembre en la Librería Los Editores, calle Gurtubay, 5  en Madrid, un refugio para lectores, y por los ejemplares para reseñar.


La velada empezó conociendo de cerca a la autora junto con los demás invitados, tomando un café y unos bollitos (todo ofrecido por Laura - Corresponsal de Prensa - y Miriam - Editora de Planeta -), transcurriendo y hablando de lo verdaderamente importante: La hija de Cayetana, un drama histórico publicado a finales de octubre.
Un adelanto sobre esta increible historia:
Madrid, noviembre de 1788
—Déjame que la vea una vez más, Rafaela. Qué guapa es mi niña, por favor, no te la lleves. Y descuida, estoy perfectamente. Además, el doctor Bonell ha dicho que puedo tenerla un poco más conmigo. María de la Luz, ése será su nombre, es el que mejor le va. ¿Pero has visto qué ojos? Parecen dos esmeraldas. Aunque será mejor que avisemos cuanto antes al padre Alfonso para que le eche las aguas bautismales. Llega el verano y uno nunca sabe con estos calores, acuérdate de lo que pasó cuando yo nací. La madre se incorpora con dificultad y separa con dedos aún débiles los encajes del embozo de la criatura para cubrirla de besos.
—¿Dónde está el señor duque? ¿Le has dicho que ha llegado ya la criatura?
Rafaela Velázquez la mira, pero no contesta. ¿Cuántos años hace que se conocen? No debía de ser mucho mayor que María Luz cuando la pusieron por primera vez en sus brazos y, desde entonces, siempre juntas. ¿Quién sino ella la consoló cuando estaba triste, rió sus alegrías, o riñó cuando no había más remedio? ¿Quién la vistió para su primer baile y le puso la mantilla el día de su boda? Nadie conoce a María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (la duquesa de Alba ha pasado a la historia con el nombre de Cayetana, pero se llamaba realmente así), decimotercera duquesa de Alba, como Rafaela. Tana, así la llama desde pequeña porque siempre ha sido devota de San Cayetano, y ella se deja, como le consiente todo lo demás porque es para ella como una madre.
A la otra, a la de verdad, también la adoraba, pero María del Pilar Ana estuvo siempre demasiado ocupada. Con sus fiestas, sus admiradores, sus recitales de poesía o, si no, con sus reuniones en la Real Academia de San Fernando, de la que llegó a ser directora honoraria. Una auténtica femme savante, opinaba la gente, una digna hija del Siglo de las Luces, de ésas que hablan de Newton, se admiran con Buffon y citan a Voltaire de memoria. Tonterías. Para Rafaela, María del Pilar de Silva y Sarmiento no había sido más que una de tantas mujeres que viven para gustar a los hombres y hacen cualquier cosa para lograrlo, incluso fingirse sabias si es lo que se lleva. Tres veces se casó y tres veces enviudó antes de dejar este mundo con poco más de cuarenta años. "Pero al menos tuvo más suerte con los maridos que su hija", cavila Rafaela. A Tana, en cambio, la casaron siendo niña con José, uno de sus primos, para que no se perdiera el apellido familiar Álvarez de Toledo. Trece y diecisiete años tenían entonces, pero ni la sangre que comparten ni tres lustros de convivencia han conseguido unirlos. Él adora a Haydn, ella los fandangos, él es devoto de los ensayos de Rousseau, ella de los sainetes de don Ramón de la Cruz, a él le gusta el pianoforte y a ella las verónicas de Pepe-Hillo. Ni siquiera para tener un hijo se habían puesto de acuerdo. Hasta que empezó a ser demasiado tarde.
—¿Rafaela? Rafaela, mujer, que se te ha ido el santo al cielo. ¿Has oído lo que acabo de decirte? Llama a José.
El ama se mueve despacio. No porque se lo impidan sus sesenta y muchos años, sino porque no sabe qué demonios le va a decir al duque de Alba consorte. Habría sido preferible que estuviera ausente cuando llegó la criatura. En la corte de Aranjuez, por ejemplo, como tantas otras veces, con esos afrancesados amigos suyos con los que comparte peluca empolvada y rapé. Sin embargo, en cuanto supo que su mujer guardaba cama, canceló sus citas. Tana siempre ha estado delicada de salud. "Ya desde que nació apuntaba modales", rezonga Rafaela. El agua del socorro tuvieron que darle nada más nacer de tan poquita cosa que era. Después vinieron aquellas fiebres que tuvo con siete años y el mal del riñón con nueve, eso por no mencionar varias caídas del caballo como la que le produjo, según diagnóstico del doctor Bonell, una seria desviación de columna. De aquellos polvos estos lodos, y desde entonces sufre crueles dolores de cabeza que la dejan postrada durante días. Y la jaqueca tuvo que coincidir justo ahora con la llegada de la criatura, qué fatalidad.(...).
Comienza a llorar la niña y Cayetana se incorpora sobresaltada. "Ea, ea, mi sol, no llores, mamá está aquí". Empieza a tararear una nana, pero, al mismo tiempo, hace un gesto inequívoco a Rafaela señalando la puerta:
—Anda, ve por él, cuanto antes la vea, mejor para todos.
Este pequeño fragmento es el comienzo de una historia que Carmen no tenía pensado escribir, pero gracias a una querida amiga y un comentario esporádico, surgió la idea para tan increible historia. Así, se lió la manta a la cabeza y se adentró en la historia, no muy conocida, de la XIII duquesa de Alba, una de las mujeres más importantes de finales de la Edad Moderna, que adoptó a una niña negra, María de la Luz. A partir de estos hechos reales, Carmen Posadas ha recreado en este libro, la época de comienzos del siglo XIX, donde nos encontraremos la corte de Carlos IV, y al mismo tiempo conoceremos la vida de la madre legítima de la niña, Trinidad, una esclava que intenta recuperar al amor de su vida y a su hija.
Carmen nos aclaró personalmente algunos misterios que nunca han sido revelados, tales como si existió una relación sentimental entre la duquesa de Alba y Goya, el cuadro de la maja desnuda si era en realidad Cayetana, y como al escribir la historia, los comentarios de la propia familia de la casa de Alba, que la ayudaron con documentos privados a documentarse y poder proseguir con el libro. Asimismo, la novela recoge varias curiosidades propias de la época, como eran los peinados de la época, el cortejo mañanero (que ni idea sabía hasta adentrarme entre las páginas del libro) o la invención del sándwich y la dentadura postiza.
Carmen por último, (porque los asistentes no parabamos de hacerle preguntas y querer saber más sobre la niña negra y que paso con ella), nos aclaró que la niña venía de Cuba, fue entregada a la duquesa de Alba con muy pocos meses de edad, envuelta en un turbante de esclavos y que hay un testamento guardado por la casa de Alba que certifica que realmente existió, pero que nada más se sabe de ella, perdiendo su pista. Conclusiones de la autora, la niña volvió a Cuba, ya que una niña negra con dinero en esos tiempos, sería una niña desplazada.
Una gran velada que ha hecho que pueda conocer más a la autora, adentrarme en la vida de la XIII duquesa de Alba y su vida, y sobretodo conocer un poco más sobre la España del siglo XIX, los esclavos que había en el país y como Carmen trata en la obra, la evolución del problema racial, donde en otros países como en Inglaterra era un delito casarse con una persona de color y en colonias españolas se producían matrimonios interraciales.


NUESTRA OPINIÓN:

Cuando Laura nos habló de la novela surgió una necesidad de leerla. ¿Que la XIII Duquesa de Alba tuvo una hija negra? ¿De verdad? Un episodio real de nuestra historia del que no se habla en los libros de texto. Así que libro en mano comenzó nuestra aventura por la España del siglo XIX. 
Con una pluma elegante, Carmen nos entremezcla a la perfección la historia real con la ficción, de forma que el lector no es capaz de distinguir cuando la escritora se ha tomado una licencia literaria de cuando nos está narrando un hecho verídico. 
En el libro conoceremos la historia de Cayetana, XIII Duquesa de Alba, que, deseosa de experimentar la maternidad, decide adoptar a la pequeña María Luz, hija mulata de una esclava, Trinidad, a quien su ama ha separado de su bebé por despecho. Y es que María Luz es fruto del amor entre Trinidad y su amo, dado por muerto en alta mar de camino a la península desde Cuba. Pero no se dará por vencida, y a lo largo del libro descubriremos cómo es capaz de arriesgar su vida por encontrar a su hija, y también a una persona de vital importancia para ella. A traves de las páginas de esta novela conoceremos las excentricidades y peculiaridades de una mujer tan controvertida como era Cayetana, pero al mismo tiempo descubriremos a la mujer real que era, con sus temores y anhelos. 
Una novela histórica de fácil lectura que te atrapará en sus páginas desde el principio.